Parece ser una constante en la educación aquello de estar en crisis. Es cierto que ahora vivimos tiempos muy difíciles pero preguntando a nuestros mayores en la educación nos dicen que siempre estuvimos en cambio. No puede ser de otra manera porque las maestras estamos siempre en constante evolución, mirando cosas nuevas, aplicándolas, formándonos... Esto nos muestra una actitud implícita en los educadores: querer hacer las cosas mejor. Y cómo esto de la educación es una tarea imperfecta porque está hecha por ser humanos, de naturaleza intrínseca imperfecta, pues es una tarea sin fin.
Además, vivimos en un contexto sociocultural que ha cambiado por completo en las últimas décadas. La comunicación y la información nos abruman en contraposición de la educación de los últimos siglos y donde además numerosos avances científicos corroboran nuevos paradigmas educativos. Una sociedad que evoluciona con rapidez, que es más crítica porque tiene más información y por tanto busca nuevas alternativas educativas: escuelas libres y democráticas se desarrollan cada año, madres de día cogen el testigo de una educación más respetuosa y la mayoría de profesionales de la educación están en movimiento. La pregunta es. ¿Se adapta la educación al ritmo de los nuevos tiempos?
La respuesta es obvia, la rueda educativa (leyes, comunidades, escuelas, claustros...) se mueve mucho más despacio de lo que la Educación y la Infancia requieren. De hecho todavía vivimos en un sistema educativo que tiene como base el sistema industrial de cadena de montaje que enseña información y controla.
Con todo esto moviéndose en la actualidad (y también en mi cabeza), os pregunto:
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