En el aula solemos tener una media de 25 niños y niñas que están continuamente expresándose y experimentándose. 25 formas diferentes de comunicarse, relacionarse, tocarse, hablar, participar... Este hecho es una de las grandezas de la docencia porque tenemos la fortuna de vivir la diversidad humana en todo su esplendor.
Además, hay que incluir en este contexto a los adultos que tienen un lugar de "poder" y una forma especifica de expresarse y relacionarse que se han ido forjando a lo largo de los años. Como docentes, tenemos una postura corporal concreta, un tono de voz, formas de actuar y un sin fin de interacciones que son ejemplo y modifican la realidad de los niños.
Es importante reflexionar y observar que como adultos entendemos como "normales" las personas y niños que se acercan a nuestra forma de ser y ver la vida. De tal manera que si soy extrovertido voy a entender a los niños y niñas que comunican mucho, están muy activos, etc... pero me va a costar más entender no sólo a los niños y niñas tímidos sino también a sus familias cuando les cuesta expresarse, sacar sus emociones, etc... Lo mismo ocurre al contrario y esto es foco de muchas de las circunstancias que vivimos en la escuela. Puede que sea una visión simplista pero observo que nos ocurre frecuentemente como profesionales de la educación. Ya nos hablaba de esto FRATO en 1974:
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