En el aula solemos tener una media de 25 niños y niñas que están continuamente expresándose y experimentándose.  25 formas diferentes de comunicarse, relacionarse, tocarse, hablar, participar… Este hecho es una de las grandezas de la docencia porque tenemos la fortuna de vivir la diversidad humana en todo su esplendor.

Además, hay que incluir en este contexto a los adultos que tienen un lugar de «poder» y una forma especifica de expresarse y relacionarse que se han ido forjando a lo largo de los años. Como docentes, tenemos una postura corporal concreta, un tono de voz, formas de actuar y un sin fin de interacciones que son ejemplo y modifican la realidad de los niños.

Es importante reflexionar y observar que como adultos entendemos como «normales» las personas y niños que se acercan a nuestra forma de ser y ver la vida. De tal manera que si soy extrovertido voy a entender a los niños y niñas que comunican mucho, están muy activos, etc… pero me va a costar más entender no sólo a los niños y niñas tímidos sino también a sus familias cuando les cuesta expresarse, sacar sus emociones, etc… Lo mismo ocurre al contrario y esto es foco de muchas de las circunstancias que vivimos en la escuela. Puede que sea una visión simplista pero observo que nos ocurre frecuentemente como profesionales de la educación. Ya nos hablaba de esto FRATO en 1974:

tonucci

¿Cómo nos relacionamos con los niños tímidos?

Somos capaces de no exigirles que hablen cuando nosotros como adultos queremos lo hagan. Somos capaces de respetar que no quieran darnos un beso por las mañanas. Somos capaces de respetar su personalidad, su forma de expresarse, su proceso, el modo en que establecen un vínculo con nosotros. Somos capaces de observar sus necesidades vitales y relacionales antes de imponerles lo que «corresponde» socialmente o sencillamente lo que yo creo que «corresponde» que hagan. Porque sin duda los niños tímidos no son muy amantes de las exigencias externas y las imposiciones sociales.

Me gustaría en este punto que nos paráramos en esos «correspondes» y reflexionáramos. Ya que cuando dejamos a un lado los «correspondes» y los juicios de valor y pasamos a observar y respetar su forma de ser, entonces aparece la magia de la diversidad:

Se expresan como son y no se muestran como «corresponde».

Fotografía: Lili Vieira de Carvalho

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Padre de familia numerosa y experto en crianza, educación y organización familiar. Es autor de Educar sin GPS, una visión global de la crianza para que disfrutes por el camino de la editorial Planeta.

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  1. Me ha encantado la empatía con la que hablas sobre los niños tímidos.Yo fui una niña muy timida y mi niña de 10 años también lo es.Nadie los comprende,nadie se pone en su lugar,piensan que son maleducados o raritos porque no hablan.Pero lo único que sienten es miedo e inseguridad.Muchas gracias por tus palabras,seguiremos luchando.

    1. Hola Karmen,
      Lo cierto es que mi estilo relacional es el opuesto y ha sido un trabajo de consciencia. Gracias por tu comentario.

      Un abrazo!

  2. Tengo 40 años, hace algunos años, menos de 5; encontré un reporte del colegio donde estudie preescolar y kinder que decía: niña en extremo tímida. La verdad sentí mucha tristeza saber que así fui vista por mis profesores y después de leer sobre la timidez y sus causas entendí que de niña en mi hogar no se preocuparon mucho por las cosas que sentía o pensaba. Sería bueno tratar más a fondo esos temas. Todavía me cuesta manifestar lo que siento y eso es una secuela de mi timidez de niña. Gracias por el blog.

    1. Gracias por tus palabras Rocío… La timidez es un tema muy complejo y profundo para abordar en educación. Afortunadamente actualmente hay más cultura sobre el desarrollo emocional de los niños y niñas.

      Un abrazo grande

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