Estaba allí con mi mujer y mis 4 hijos (entre 9 años y 9 meses).

Habíamos andado parte de la Habana Vieja,

paramos a comer ropa vieja en un restaurante criollo.

¡Qué rico!

Ay, que no puedo seguir escribiendo recordándolo.

Bueno.

Por la tarde fuimos a los hinchables y actividades del parque de la maestranza.

Toboganes, juegos en grupo, un payaso divertídisimo, pintacaras…

Los niños encantados.

Después de muchas horas, ya estábamos cansados y pronto sería la hora de cenar.

Ana y yo buscábamos cómo volver a casa.

Le dije: “un taxi barato y listo”.

Pero justo detrás del parque, había aparcados varios “almendrones”.

Son los típicos chevrolets de los años 50 que hay en Cuba.

Amarillos, rosas, verdes y un descapotable rojo precioso.

Allí que fueron mis hijos.

Nos hicimos la foto de rigor y a buscar el taxi.

Entonces Ana me dijo:

“Ares, y si vamos en el descapotable rojo”

En estas situaciónes mi postura suele ser la misma siempre:

algo barato y efectivo (sin lujos ni caprichos).

¿Por qué?

Porque así me han educado toda mi infancia.

Como no había dinero,

no podíamos disfrutar estas cosas.

Así que lo que me sale natural es:

“No, mejor en un taxi”.

Mira.

Te voy a contar una cosa que hacemos todos los padres y madres.

Sin querer.

Simplemente proyectamos en nuestros hijos nuestras propias vivencia.

A ver,

me explico.

Si no te gustan los perros porque tuviste una mala experiencia,

pues lo habitual es que te cueste que se relacionen con ellos.

Si eres más bien miedoso o miedosa,

te costará que escalen o se pongan en riesgo.

Es normal.

Y nos pasa a todos (y todas).

Pero hay que vigilarlo porque les quitamos oportunidades de aprendizaje y experiencias.

Experiencias que pueden cambiar su vida.

Y tú no lo sabes.

A mí me pasa con los lujos y los caprichos, por ejemplo.

Y por eso les negaba la posibilidad a mis hijos de ir en ese descapotable tan maravilloso rojo.

Además, a mí no me gustan los coches especialmente.

Me pasé trabajando en el circuito del Jarama de los 12 a los 21 años.

Sí, desde los 12.

Por lo que estaba harto de coches bonitos, deportivos y de todas las formas.

No me impresionan.

Pero claro, qué culpa tienen mis hijos de esto.

Igual a ellos les gustan los coches.

O no.

Así que ahí estaba yo, proyectando mis cositas.

Pero como Ana es maravillosa y le gusta que salga de mi zona de confort.

Adivina cómo volvimos a casa los 6.

En un descapotable rojo por toda La Habana.

Yo lo disfrute viéndole la cara a Gael, a Enzo y a Mae.

Y también a Ana, claro.

Zaia estaba feliz con nosotros y eso es suficiente.

No hay nada que dé más alegría que ver felices a los tuyos.

Pero sabes qué es lo mejor de todo esto.

Que ya han pasado muchos meses desde que disfrutamos Cuba en familia.

¿Y sabes qué es lo que me dicen Gael y Enzo que mas les gustó?

Montar en el chevrolet rojo descapotable.

Una lección de vida para mí.

A veces lo das todo para que les encante algo,

y no les gusta.

Otras veces haces algo sin querer,

o sin darle importancia,

y para ellos ha sido algo muy muy importante.

Como no sabemos que es mejor en cada momento.

Lo mejor es hacer lo que cada uno pueda.

Y disfrutar cuántos más momentos mejor.

Hablando de disfrutar.

Tengo un libro.

Educar sin GPS.

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Porque si no disfrutamos la crianza,

perdemos los mejores años de su vida.

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Pd2. Te dejo una preguntita: ¿qué posturas heredadas tienes tú que proyectas sin querer a tus hijos?

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Padre de familia numerosa y experto en crianza, educación y organización familiar. Es autor de Educar sin GPS, una visión global de la crianza para que disfrutes por el camino de la editorial Planeta.

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