Hoy te traigo una historia.

No es mía, es de Derek Sivers.

Me la ha enviado mi querido Carlos Galán (experto en inversiones).

Bien, disfruta:

Hace unos años vivía en Santa Mónica, California, justo en la playa.

Hay un fantástico carril bici que bordea el océano durante 12 kilómetros. Son 24km ida y vuelta. Las tardes de los días laborables está casi vacío. Es perfecto para ir a toda velocidad.

Así que varias veces a la semana me subía a la bicicleta y recorría lo más rápido que podía el circuito de veinticuatro kilómetros. Me refiero a un sprint realmente completo, al cien por cien, con la cabeza gacha y con la cara roja.

Terminaba exhausto y miraba el tiempo: cuarenta y tres minutos. Cada vez. Quizás un minuto más en un día con mucho viento, pero básicamente siempre cuarenta y tres minutos.

Después de unos meses, noté que cada vez me entusiasmaba menos este paseo en bicicleta. Creo que lo había relacionado mentalmente con estar completamente exhausto.

Así que un día decidí hacer el mismo viaje, pero simplemente tranquilo. Tomármelo con calma, agradable y despacio. No muy lento, pero lo reduje a aproximadamente el 50 por ciento de mi esfuerzo habitual.

Y ohhh… qué bonito paseo. Estaba relajado, sonriendo y mirando a mi alrededor. Apenas me esforcé.

Vi dos delfines en el agua. Un pelícano pasó por encima de mí en Marina del Rey. Cuando levanté la vista para decir «¡guau!» se cagó en mi boca. Todavía recuerdo ese sabor a marisco digerido. Tuve que reírme de la situación.

Normalmente soy un motivado y siempre hago todo lo más intensamente que puedo. Pero, fue tan agradable tomármelo con calma por una vez. Sentí que podía hacer esto para siempre, sin cansarme.

Cuando terminé, miré el cronómetro: cuarenta y cinco minutos.

¿¡¿Espera?!? ¿Cómo es posible? Sí. Lo comprobé dos veces: cuarenta y cinco minutos, en comparación con los cuarenta y tres habituales.

Así que, aparentemente, todo ese agotador esfuerzo que había estado haciendo sólo me había dado un impulso del 4 por ciento. Podría tomarlo con calma y obtener el 96 por ciento de los resultados.

¡Y qué diferencia de experiencia! Recorrer la misma distancia, aproximadamente en el mismo tiempo, pero de una forma me deja exhausto y de otra, rejuvenecido.

Pienso en esto a menudo. Cuando me doy cuenta de que estoy estresado por algo o que estoy exhausto, recuerdo ese paseo en bicicleta e intento reducir mi esfuerzo en un 50 por ciento. Es sorprendente la frecuencia con la que todo se hace igual de bien y con la misma rapidez, con lo que parece la mitad del esfuerzo.

Lo que me hizo darme cuenta de que la mitad de mi esfuerzo no fue esfuerzo en absoluto, sino simplemente estrés innecesario que me hizo sentir que estaba dando mi máximo.

Ahora sí que ya soy yo (Ares).

Esto como lo aplicamos a la crianza.

Muchas veces vamos como pollos sin cabeza, ¿o no?

La tarea es reducir el esfuerzo/estrés/tensión para conseguir prácticamente el mismo resultado-

La diferencia es que disfrutando de nuestros hijos.

Y de nuestra vida.

El subtítulo de mi libro es:

“Una visión global de la crianza para que disfrutes por el camino”

Llenito de pistas y trucos para disfrutar con tus hijos.

Mi libro, él unico hasta la fecha.

(de momento).

Buen día y un abrazo,

Ares

PD: Estoy pensando en escribir un correo sobre la importancia que tiene nuestra economía familiar en la crianza de nuestros hijos.

PD2: Contesta al mail y me dices si te apetece el tema.

Padre de familia numerosa y experto en crianza, educación y organización familiar. Es autor de Educar sin GPS, una visión global de la crianza para que disfrutes por el camino de la editorial Planeta.

¿Qué te parece? Te leo

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